LA SUERTE DE LOS CHINITOS 



He oído en el Telediario de Tele 5 una noticia realmente asombrosa: parece que los chinos que están en España, sí, los habitantes de ese país superpoblado, obtienen unas ganancias inesperadas y fuera de lo común, jugando a las máquinas tragaperras.  La noticia tiene visos de verosimilitud, primero por haber sido emitida en un noticiario de ámbito nacional, segundo, por la no disimulada hostilidad que mostraba el regente de un bar ante la entrada de los chinos a jugar, y tercero, porque ni a los guionistas de "El Informal" se les habría ocurrido una idea tan peregrina.

Bueno, el asunto es que parece que nadie tiene pruebas de que los pobres inmigrantes chinitos cometan nada ilegal  (De todas formas, el fraude, caso de existir, es de poca monta.)

Desde los inicios de este lucrativo negocio (por parte de quienes hacen las tales maquinitas, claro) se comentaba que el chip que regula los premios, aparte de estar obligado a devolver un porcentaje alto en premios por ley ¿80 por ciento quizá?   Contiene una secuencia muy grande de jugadas que, tras un número importante de monedas introducidas, se vuelve a repetir.

Esto era supuestamente aprovechado por algunos astutos jugadores que se sentaban a tomar la cañita y acechaban los tintineos y premios que la máquina iba emitiendo, a la caza de una secuencia reconocible, previa a un premio gordo.  Y sería más creíble si no fuera porque es muy fácil generar una sucesión exorbitantemente grande de jugadas inabordable a tal argucia.

Permítaseme aventurar una  hipótesis más sencilla: los provincianos de las películas que iban a las capitales, así como los emigrantes españoles que acudían a trabajar a Alemania han sido, a menudo, descritos como obtusos, pero no lo eran, como lo demuestra el hecho de que muchos de ellos, con el capitalito conseguido allí, han creado aquí muchas pequeñas y medianas empresas de éxito reconocido.  Quizá los provincianos de ahora sean esos chinitos, que vienen, eso sí, de un país muy pobre por el momento, pero que tienen bastantes vecinos prósperos, entre ellos Taiwán, la pequeña isla tristemente asolada recientemente por un terremoto, pero que produce una inmensa cantidad de chips (para maquinitas).

A esa isla huyeron los chinos nacionalistas frente a la ofensiva comunista de Mao, y allí declararon su independencia frente al gigantesco padre.

No es difícil pensar en esta época de comunicaciones ubicuas, que alguno de esos chinitos avispados haya pedido a algún primo ingeniero en Taiwán que le hiciera el favor de introducir en el
chip un sensor de ondas tal que, en el momento de ser activado, por ejemplo, con un mando a distancia de puerta de garaje (que por supuesto aloja a otro "chip" Taiwanés) haga descargar a la
tragaperras su más ambicionado tesoro.

La noticia correría como la pólvora entre los sinoespañoles. Escrita en dialecto Mandarín, claro.

Escribe: Josechu