| ARGAMASILLA DE ALBA Siguiendo
nuestra ruta por tierras de Don Quijote, llegamos a Argamasilla de Alba, a
ocho kilómetros de Tomelloso, lugar desde donde quizás partió el Quijote
como creen algunos estudiosos. Allí encontramos algunos vestigios de ese
ilustre libro. Su centro cultural esconde en su interior una humilde y
rústica cueva que la tradición identifica como la prisión en la que Miguel
de Cervantes concibió y empezó a alumbrar su inmortal Don Quijote de la
Mancha. Una tradición que se remonta a los tiempos de Cervantes con
alusiones a su propia prisión en el prólogo y, sobre todo, con la mención de
los académicos de Argamasilla, cuyos sonetos y epitafio cierran la primera
parte del Quijote. Una identificación que hizo mella entre los
contemporáneos de Cervantes, ya que Alonso Fernández de Avellaneda dedica en
1614 su Quijote apócrifo "al alcalde, regidores y hidalgos de la noble villa
de Argamasilla de la Mancha, patria feliz del hidalgo caballero Don Quijote
de la Mancha". Otro hecho viene a estrechar la relación Quijote-Argamasilla.
En la iglesia parroquial de San Juan Bautista hay un cuadro exvoto fechado
en 1601, cuya leyenda habla de la enfermedad mental de un caballero de la
villa. La tradición popular sostiene que Cervantes habría venido a
Argamasilla en su condición de recaudador de alcabalas y habría sido preso
por motivos fiscales o por un asunto de faldas. En cualquier hipótesis, en
Argamasilla habría conocido al hidalgo demente Rodrigo Pacheco (que
curiosamente tenía una hermana llamada Aldonza) y lo habría tomado como
modelo. Argamasilla está plagada de Quijotes y Dulcineas en esculturas, se
puede disfrutar de esta localidad tranquila y manchega y acercarse al
castillo de Peñarroya, a unos ocho kilómetros o también a las lagunas de
Ruidera, que está a sólo 26. Vale la pena estar en un lugar donde quizás se
gestó el Quijote en una ruta que continuaremos con algunas pinceladas más en
el próximo número.
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Foto: Cueva de Cervantes en Argamasilla |
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