HISTORIA: EL COMPROMISO   


Esta semana, el segundo capítulo de nuestra historia de amor Medieval.

 

BERENGUELA DE NAVARRA (Capítulo 2 y último)

En el pasado número el barco de Berenguela y Juana se perdió de camino a Creta. Cuando se dieron cuenta de tal circunstancia toda la flota partió en su busca y las encontraron 20 días más tarde en la isla de Limassol, al sur de Chipre. El rey de esta isla, Isaac, había capturado a muchos de los náufragos y Ricardo le exigió su liberación. Éste lo haría si no lo castigaba con hierros, es decir, si no lo encadenaba. Ricardo cumplió: le puso unas cadenas de plata. Luego se apoderó de Chipre, que permanecería en poder de los Cruzados hasta 1571.

Ya nada impedía la boda, así que el 12 de mayo de 1191 Ricardo y Berenguela se casaron en la Iglesia de San Jorge de Limassol. La celebración fue grandiosa y cuentan las crónicas que "las fiestas de aquella gran boda que acaecieron en la idílica isla de Chipre, morada de Venus, diosa del amor, duraron tres días. La bahía de Limassol, con la flota inglesa engalanada y un espléndido sol de primavera que resaltaba los vivos colores de la naturaleza, ofrecía un marco inigualable". La imagen de aquella boda era de un auténtico cuento de hadas. La reina Berenguela llevaba una amplia mantilla española que cubría sus dos largas trenzas rubias. La cabeza se adornaba con una gran diadema de oro engarzada con brillantes y rubíes, en la que destacaba una bella flor de lis. Su esbelta figura de proporciones admirables, vestida de blanco, destacaba por su elegancia y escultural perfección. El rey Ricardo, alto, rubio, fuerte, iba montado en un soberbio corcel español y sobre su reluciente armadura lucía una fina capa de plata adamascada. Se cubría con un sombrero color escarlata y llevaba espuelas de oro. La empuñadura de su espada era de plata con piedras preciosas y en la grupa del caballa habían colocado dos figuras de pequeños leones dorados, con sus garras levantadas y en posición de mutuo enfrentamiento. No en vano las crónicas afirman que Ricardo "modelo perfecto de gracia varonil y militar, parecía un radiante Marte".

Pero la historia no acaba aquí, ya que restan algunas desdichas. El 1 de junio, Berenguela, acompañada de su cuñada Juana y de la hija del rey Isaac de Chipre, que había entrado a su servicio, partieron a Palestina. Allí, a pesar de todas las afrentas, Felipe Augusto, rey de Francia y hermano e Alicia, la recibió como un caballero y se dice que él mismo la llevó en sus brazos desde la barca a la playa para que no se mojase los pies.

Durante la Cruzada, las cosas no fueron bien. Los soldados de ambos reyes no hacían más que discutir. Así que el rey de Francia abandonó la empresa. Durante un tiempo, la guerra se paralizó y Ricardo comenzó a mirar demasiado bien a la hija del ex-rey de Chipre. Berenguela se entristeció y contó con el apoyo de su cuñada Juana.

La actitud del Rey no es de extrañar dado el ambiente que había en el campamento de la ciudad de Acre, un ambiente que siempre se ha dado en las guerras cuando sufren un parón. La Ciudad donde estaban refugiados los Cruzados se había convertido en un gran prostíbulo. Cuentan las crónicas musulmanas que "las mujeres maquilladas, pintadas, deseables, atractivas, osadas y ardientes, con voces nasales y muslos bien torneados ofrecían sus cuerpos al placer. Eran el blanco de las ansías de los guerreros y con su servicio detenían la acción de las lanzas y el choque de los escudos…"

A pesar de las heroicas acciones del ejercito inglés, que logró estar a 20 kilómetros de Jerusalén, era imposible conseguir nada por su inferioridad numérica. No obstante, Ricardo logró una honrosa paz el 1 de septiembre de 1192. El matrimonio decidió regresar a Inglaterra por diferentes caminos. Primero marchó hacia Roma Berenguela, con Juana y la princesa chipriota, donde permanecerían meses. Como bien sabemos por las películas de Robin Hood, Ricardo, que partió después y había desembarcado para evitar las naves venecianas, fue capturado por el duque de Austria y encarcelado, reclamando un rescate de 150.000 marcos de oro.

La reina partió luego a Marsella donde su primo Alfonso II de Aragón la recibió y le dio protección para recorrer sus territorios, acompañada por Ramón de San Gil, conde de Tolosa, quien acabó enamorándose de Juana, ex-reina de Sicilia y hermana de Ricardo, con lo que llegó por fin la paz entre Aquitania y el condado de Tolosa. El 17 de enero de 1194, no sin antes haber recibido gran parte del rescate, el duque de Austria liberó a Ricardo, quien había pasado 1 año, 6 semanas y tres días cautivo. Según lo pactado, la princesa chipriota fue entregada a su familiar el duque de Austria.

Ricardo regresó a Inglaterra el 14 de marzo de 1194. La anciana reina Leonor había velado por sus intereses. Posteriormente, tuvo que enfrentarse en Francia con Felipe Augusto. En esta nueva guerra su cuñado Sancho el Fuerte le ayudó con frecuencia, a pesar de que el matrimonio vivía ya separado.

Los ingleses querían conocer a su reina, Berenguela, a la que habían idolatrado. Ello se desprende de las crónicas de la época, que achacan este cambio de actitud de Ricardo hacia su amada a la renovada amistad con amigos libertinos y despreciables que fueron compañeros suyos durante su larga soltería y que lo llevaron por el mal camino. Otros hablan, sin embargo, de la esterilidad de la reina como causa fundamental del abandono de Berenguela por parte de Ricardo. Un día un ermitaño se enfrentó al rey y le reprochó su conducta con Berenguela. Esto le hizo reflexionar y en diciembre de 1195, en la ciudad de Poitiers, los dos se reencontraron y ya no se separarían.

Además en ese año, se devolvió a Alicia a su hermano, lo que permitió la paz temporal. Pero la guerra se reanudó hasta la paz de enero de 1196. Ricardo habían logrado rodear Francia con una estrecha red de alianzas, pero una flecha disparada a traición acabó con su vida el 7 de abril de 1199 cuando tenía 42 años, en el asedio a Chaluz. Su hijo bastardo, Felipe de Cognac, vengaría su muerte matando al vizconde de Limoges.

Berenguela de Navarra, que lo atendió mientras estaba moribundo, tuvo que soportar terribles penas a partir de entonces. Los que podían ser sus mejores apoyos, su amiga Juana, ahora condesa de Tolosa, y su hermana Blanca, casada con Teobaldo de Champagne, murieron de sobreparto. El hijo de esta última instauraría en Navarra la dinastía de los Champaña, con el nombre de Teobaldo I.

Con sólo 29 años, Berenguela se había quedado sola, sin seres queridos y se refugió en la abadía de Espán, en la ciudad de Lemans. Durante años reclamó sus derechos y rentas en Francia e Inglaterra, hasta que en 1216, al contratar como habilitados suyos a los Templarios, terminó con sus dificultades económicas.

Esta gran navarra, reina de Inglaterra, sin haber estado nunca allí, gran dama de los más insignes caballeros de la Edad medias, murió en 1230, a los 60 años, y fue enterrada en la abadía de Espán. A pesar de lo que la hizo sufrir, siempre amó a Ricardo. Esta es la historia de Berenguela, una mujer digna de llevar el apelativo de "Corazón de leona". Una navarra pocas veces recordada y que aquí hemos querido recordar porque se lo mereció.

 

Escribe: Marta Elía