HISTORIA: EL COMPROMISO   


Hoy en nuestra sección de entrevistas hacemos un paréntesis para abrir una pequeña ventana a la historia de Navarra y quizás, si les gusta y así nos lo hacen llegar, podamos mantener esa ventana abierta habitualmente. Y vamos a hacerlo con una hermosa historia de amor medieval, que hemos redactado ayudados por un licenciado en historia, se trata de la historia de Berenguela de Navarra, una princesa muy conocida en toda Europa, sobre todo, en Gran Bretaña, pero que, sin embargo, entre sus paisanos, entre los navarros, no lo es, a pesar de haberla visto representada en multitud de películas sobre las Cruzadas. Una historia que relataremos en dos capítulos para mantener la emoción, porque la hay,

Capítulo I: EL COMPROMISO

Berenguela o Berengaria, como se la conoce al otro lado de los Pirineos, fue esposa, nada más y nada menos, que de Ricardo Corazón de León y, por tanto, reina de Inglaterra. La historia de ambos es digna de una novela, de un libro de caballerías o de una poesía épica.

Berenguela era hija de Sancho VI el Sabio. A muchos esto tal vez no les llame la atención, pero sí lo hará el decirles que era hermana de Sancho VII, más conocido por Sancho el Fuerte. Precisamente el encuentro de estos dos grandísimos caballeros de la Edad Media, Ricardo Corazón de León y Sancho el Fuerte, su amistad cuando eran todavía jóvenes en aquellas cortes pirenáicas, debió de ser todo un acontecimiento.

El padre de Ricardo, el rey Enrique II de Inglaterra, estaba decidido a casar a Ricardo con Alicia, hija Luis VII rey de Francia, pero el joven príncipe no estaba por la labor. Este rechazo a la princesa habría de acarrear importantes consecuencias en la posterior Cruzada, pues le granjeó la eterna enemistad del hermano de Alicia, el futuro Felipe Augusto de Francia.

Ricardo era el tercer hijo del rey y como tal fue investido duque de Aquitania a los quince años de edad en 1172. A tan temprana edad se desplazó a esta región fronteriza con Navarra, y que entonces era patrimonio de la Corona inglesa, para administrarla. No es de extrañar que fuese entonces cuando conociese y trabase amistad con la casa real navarra, sobre todo con el infante don Sancho y su hermana Berenguela. Ricardo y su sobrino el conde de Champagne (quien se casaría más tarde con Blanca, hija también del rey de Navarra) se hicieron grandes amigos de Sancho y como buenos caballeros siguieron las leyes de la caballería y sellaron su amistad como frates iurati (juramento de hermanos). Los tres eran además aficionados a la poesía, los trovadores y, por supuesto, a los torneos.

Poco a poco, este gran caballero, valiente leal y poeta, se enamoró de Berenguela, la bella y juiciosa princesa navarra, nacida en 1170. Cuenta la tradición que el flechazo tuvo lugar, como no podía ser de otro modo, en un torneo organizado en Pamplona por Sancho.

Esta temprana historia de amor no queda claramente reflejada en las crónicas y es muy poca la documentación existente sobre estos primeros y seguramente ardorosos tiempos de amor entre ambos jóvenes. La razón es bien sencilla y es que en aquellos momentos Ricardo estaba todavía comprometido con Alicia, hermana del que ya, desde 1180, era rey de Francia, Felipe Augusto. Y la ruptura de ese compromiso podría haber supuesto serias dificultades, cuando no una guerra.

Unos años después, el 6 de julio de 1189, murió el padre de Ricardo, y como sus hermanos mayores, Enrique y Geoffrey, también habían fallecido, fue coronado rey el 3 de septiembre de ese año en la abadía de Westmister. Tenía 32 años. Ya no podía dar más largas, tenía que casarse con Alicia. Pero tuvieron suerte porque Saladino había capturado Jerusalén dos años antes y por ello se organizó la tercera Cruzada precisamente en el año en que Ricardo fue coronado. Y, aprovechando esta circunstancia, el joven rey volvió a dar largas al rey francés poniendo por delante los intereses de la Cristiandad a su propia boda. Así, ambos y el emperador Federico Barbarroja decidieron marchar para recuperar Tierra Santa. Los reyes de Inglaterra y Francia firmaron la alianza de Nonancourt en febrero de 1190 para marchar a la Cruzada, pero en el pacto se añadió también el futuro matrimonio de Ricardo y Alicia.

Pero antes de partir, Ricardo decidió visitar sus tierras de Aquitania, poniendo como excusa el acabar con los bandidos que arrasaban sus tierras y atacaban a los peregrinos que iban a Santiago. La verdad es que quería encontrarse con Alfonso II de Aragón para renovar alianzas y, de paso, pasarse por Navarra y encontrarse con su amigo Sancho y su amada Berenguela. En este viaje le acompañó su madre, Leonor de Aquitania, una de las reinas y de las mentes más brillantes de la Edad Media, quien siempre quiso mucho a la casa Real Navarra puesto que, en lo 10 años de prisión a los que le condenó su propio esposo Enrique, los padres de Sancho y Berenguela lograron que las condiciones de su cautiverio mejoraran considerablemente.

Mientras Ricardo regresaba al norte de Francia para organizar la expedición, su madre Leonor y Berenguela hicieron un viaje secreto a Sicilia, donde lo esperarían. La situación de la isla no era buena, ya que había muerto el rey Guillermo, que estaba casado con Juana, hermana de Ricardo. Los sicilianos se rebelaron y la encarcelaron. Pero Ricardo la liberó a su llegada y sometió a los sublevados. Durante los preparativos de La Cruzada en la isla, no se pudo mantener el secreto por más tiempo, así que a finales de febrero de 1191 Berenguela y su futura suegra partieron hacia Brindisi, en espera de que Ricardo pudiese romper formalmente su compromiso con Alicia. El hermano de ésta echaba humo y exigió a Ricardo que cumpliese de una vez con su hermana, que llevaba 16 años esperando recluida en la ciudad de Ruan, a cargo de la familia del novio. Ricardo respondió que no podía y acusó a Alicia de haber sido una de las concubinas de su padre Enrique. Ante la inferioridad numérica del rey francés, a éste no le quedó otro remedio que agachar las orejas, ofendido, y romper el compromiso a cambio de 10.000 marcos de oro.

Encantado de la vida, Ricardo marchó en busca de su madre y de su amada Berenguela, que ya era su prometida oficial. Cuando regresaron, el 30 de marzo, Felipe, rey de Francia, partió hacia Oriente con sus tropas. Por su parte, Leonor de Aquitania, cumplida su misión y ya con 70 años, regresó a Normandía y dejó a Berenguela al cuidado de su hija Juana, la que había sido reina de Sicilia.

Como era Pascua, según la costumbre, los dos enamorados no podían casarse. Así que embarcaron para Tierra Santa con toda la flota inglesa. Una tempestad dispersó muchas embarcaciones, y a la llegada a la isla de Creta, se observó que faltaba el barco de Juana y Berenguela.     (Continuará...)

 

Escribe: Marta Elía