EN HOMENAJE A HENRY DUNANT, EL PRECURSOR DE CRUZ ROJA Y MEDIA LUNA ROJA    


Con motivo del centenario del primer movimiento de la Cruz Roja en Tudela nuestra entrevista dehenry_dunant_7.jpg (8010 bytes) esta semana se convierte en un reportaje sobre el nacimiento del movimiento de Cruz Roja, sus inicios y la importancia de la figura de Henry Dunant como precursor. Todo empezó con una batalla cruenta, sangrienta como la mayoría de las batallas, la batalla de Solferino, en 1859, cuando todavía no existía un movimiento organizado de ayuda a los heridos. Henry Dunant, nacido en Ginebra y de familia burguesa funda en 1858 una compañía financiera e industrial. La lentitud administrativa le llevó a decidir ir en busca del emperador Napoleón III que se encontraba en Italia del norte al frente de los ejércitos francés e italiano en lucha contra las tropas austríacas. Así llegó Dunant a la ciudad de Castiglione, a cinco kilómetros del campo de batalla de Solferino, donde se combatía, y presencia aquel sangriento combate del que queda profundamente conmovido ante la vista de ese trágico espectáculo.

En la iglesia de Castiglione ve la masa de heridos y moribundos apiñados, y que yacen abandonados sin recibir cuidado alguno, a falta de bastantes ambulancias, médicos y enfermeros. Es a partir de ese momento cuando olvida el objetivo de su viaje y ayudado por turistas de paso y algunas mujeres del país, Dunant organiza los socorros, manda traer vendas y compresas, agua; lava las heridas, da de beber a tantos infelices y les ayuda, en muchos casos, a morir con dignidad. Impulsado por la cruz_roja_8.jpg (11641 bytes)emoción Dunant denunció la insuficiencia de la administración militar y lanzó llamamientos a todas partes. Habla de la batalla a todo el mundo, pero hace falta todavía algo más, un resonante testimonio que pueda reunir a toda la gente en torno a una idea sencilla y práctica. Así en noviembre de 1862 apareció ese testimonio de la cruenta batalla y de lo que vio y vivió "Un recuerdo de Solferino", un libro impactante en el que podemos encontrar relatos como los que transcribimos a continuación

"En San Marino es herido un oficial de bersaglieros, el capitán Pallavicini; sus soldados lo llevan en brazos hasta una capilla, donde recibe los primeros auxilios, pero los austríacos, momentáneamente rechazados, vuelven a la carga y penetran en ese lugar sagrado; los bersaglieros, demasiado poco numerosos para resistir, abandonan a su jefe; inmediatamente, croatas con grandes piedras que hay en la puerta, machacan la cabeza del capitán, cuyos sesos salpican sus guerreras" .

Todavía no existía un derecho internacional humanitario que defendiese a los heridos. Las cruentas escenas se suceden en el libro porque tras la batalla quedan muchos heridos y cadáveres. A estos últimos hay que enterrarlos, pero como dice Dunant en su libro, algunos fueron enterrados todavía vivos. El espectáculo posterior es aún más terrible que la propia batalla, no hay suficientes carros para llevar a los heridos a los Hospitales más cercanos, por eso dice Dunant

"De los muertos, algunos soldados presentan semblante tranquilo; son los que, alcanzados repentinamente, perecieron en el acto; pero muchos de ellos están contorsionados a causa de las torturas de la agonía, con los miembros rígidos, con el cuerpo cubierto de manchas lívidas, con las uñas de las manos clavadas en el suelo, con un siniestro y convulsivo rictus que deja ver sus dientes apretados".

"Aquí hay un soldado, totalmente desfigurado, cuya lengua sale desmesurada, de su mandíbula desencajada y rota; se agita y quiere levantarse; riego con agua fresca sus labios resecos y su lengua endurecida; tomo un puñado de hilas, lo mojo en el cubo que llevan detrás de mí y exprimo el agua de esa improvisada esponja en la abertura informe que reemplaza a su boca".

"!No quiero morir, no quiero morir! Vocifera con obstinada energía un granadero de la guardia, lleno de fuerza y vigor tres días antes, pero que herido de muerte y sintiendo bien que sus momentos están irrevocablemente contados, forcejea y se debate contra esa sombría certeza; le hablo, me escucha, y este hombre, ablandado, tranquilizado, consolado, termina por resignarse a morir con la sencillez y el candor de un niño". Como dice Dunant " Las fatigas anteriores, la falta de alimentos y de descanso, la mórbida excitación y el temor a morir sin recibir socorro desarrollan, incluso en intrépidos soldados, una sensibilidad nerviosa que se expresa en gemidos y en llanto".

Episodios de este tipo se suceden en el libro de Dunant, un libro conmovedor. Tras todo lo que vio no es de extrañar su lucha. El libro no sólo contiene la descripción de la batalla, también incluye propuestas de carácter práctico como la formación de sociedades de socorro en cada país, cuyo objetivo, en tiempo de guerra, sería el atender a los heridos. También propone la reunión de un congreso con la finalidad de estudiar principios internacionales que proporcionen una base jurídica para la acción de las sociedades de socorro. El 9 de febrero de 1863, la "Sociedad Ginebrina de Utilidad Pública" constituye un Comité de cinco personas para llevar a cabo el estudio de sus propuestas. Un año después de la publicación del libro de Dunant, un comité privado organizó en Ginebra, un congreso al que asistieron representantes de 16 países, y en el cual se recomendó la fundación de sociedades de socorro voluntarias. Un año más tarde, el 22 de agosto de 1864, se consigue la firma del primer Convenio de Ginebra para el "Mejoramiento de la suerte de los militares heridos en los ejércitos en campaña". Más tarde, diferentes acontecimientos y desastres llevan a Dunant a retomar un proyecto en el que también había pensado una Cruz Roja para tiempos de paz. Dunant puso, realmente, las bases de lo que hoy es Cruz Roja y Media Luna Roja, una organización y un movimiento de ayuda a las personas que se esfuerza en prevenir y aliviar el sufrimiento de los hombres en todas las circunstancias. A pesar de su gran actividad humanitaria y solidaria, Dunant vivió entre los años 1875 a 1887 olvidado y sumido en una gran miseria, hasta el día en que fue acogido en el Hospital de Heiden, en el Cantón de Apenzzel, donde ingresó gracias a la magnanimidad de un médico de la Suiza Alemana. Un periodista suizo descubre en 1895 a Dunant en Heiden y recuerda al mundo su existencia. Comienzan inmediatamente las visitas, las demostraciones de simpatía, las distinciones y por último el Premio Nobel de la Paz el 10 de diciembre de 1901, compartido con el francés Fréderic Passy. Dunant murió a los 82 años el 30 de octubre de 1910 en el asilo de Heiden dejando como legado lo que hoy es Cruz Roja que se mueve por varios principios, el primero y esencial el de Humanidad, al que siguen los demás como la imparcialidad que incluye los conceptos de no discriminación y proporcionalidad, neutralidad e independencia.

CRUZ ROJA ESPAÑOLA

España fue una de las 16 naciones que participaron en la Conferencia Internacional celebrada en Ginebra en 1863, en la que fueron adoptadas diez resoluciones y tres votos que constituyeron el acto de nacimiento de la Cruz Roja. Los primeros pasos organizativos se realizan bajo los auspicios de la Orden Humanitaria de San Juan de Jerusalén. En 1870 actúa la Cruz Roja Española por primera vez en un conflicto internacional, recaudando y enviando ayudas a los heridos y enfermos de la guerra franco-prusiana. Su bautismo de fuego tuvo lugar el año 1872, durante la guerra Carlista. En diciembre de 1894, nos encontramos con el primer antecedente de lo que, posteriormente, hemos entendido como una acción social ampliamente desarrollada, aprobándose un proyecto para la creación de un hospital destinado, por la Cruz Roja Española, a la curación de los obreros heridos por accidente de trabajo.

Tras las guerras, la relativa paz ha permitido, no sólo consolidar la obra de Cruz Roja y Media Luna Roja, sino extenderla, en un permanente esfuerzo de modernización, llevando sus labores humanitarias a los más variados campos de necesidades, siempre con ese espíritu humanitario que condujo a Henry Dunant a escribir su Recuerdo de Solferino un libro que recomendamos desde aquí.


Escribe: Marta Elía